Realistas digitales
Escrito en junio de 2019 como discurso de graduación en representación de mi promoción del Master in Internet Business de ISDI.
- Liderazgo
- Transformación digital
- Ética
Todos tenemos o tendremos responsabilidades profesionales. Muchos las ambicionamos, y es legítimo. Pero hay algo que conviene no olvidar: la responsabilidad no se delega.
Nuestra valentía no se medirá por la dimensión de los proyectos que aceptemos o propongamos sino por dar la cara cuando las cosas no salgan bien. Y no siempre saldrán bien.
Ser valiente es cumplir nuestra palabra. Es mirar a los ojos. Es ponerse en la primera línea durante la batalla y pasar desapercibido en la entrega de medallas. Porque liderar es ser ejemplar.
Hoy me gusta pensar que frente a mí estáis sentadas personas llamadas a liderar una transformación profunda que va mucho más allá del digital. Una transformación en la que conceptos como integridad, innovación o valentía se interpretan desde la vocación de servicio y no como retórica vacía.
Puede que quienes hoy se sientan a vuestro lado no sean el próximo Steve Jobs. O puede que sí. Pero eso, en el fondo, es secundario, más allá de las veces que podremos explicar la anécdota de "yo estudié con". Lo verdaderamente importante es que sean personas ejemplares. Personas de las que podamos sentirnos orgullosos. Personas que, cuando llegue el momento (y llegará), elijan hacer lo correcto incluso cuando nadie les obligue a hacerlo.
Hemos llegado hasta aquí buscando redescubrir nuestros límites y estoy seguro de que seguiremos haciéndolo, en parte gracias a que hemos tenido buenos profesores, posiblemente los mejores en sus respectivas áreas. Hacer honor a lo que nos han enseñado requiere que exhibamos un espíritu crítico implacable. Porque la educación es eso, la combinación de cultura y espíritu crítico; es cuestionarnos sin piedad las verdades heredadas. Y, como máxima expresión de respeto y gratitud, es en última instancia cuestionar y rebelarnos ante esos mismos maestros que nos han mostrado la luz.
Por eso hoy, aquí, niego la mayor: ninguno de nosotros puede ser solo un optimista digital. Somos y debemos ser realistas digitales. Hemos conocido las oportunidades inmensas que supone la acelerada era digital en la que nos adentramos, pero también sabemos de sus riesgos. Ser coherentes con ese conocimiento adquirido entraña la responsabilidad de usarlo para mejorar la vida de quienes nos rodean, siendo también conscientes de las amenazas que nos acechan.
Quienes estamos hoy aquí hemos nacido en el lado bueno de la vida. Con nuestras alegrías y desgracias, pero nos ha tocado habitar en un lugar y un momento privilegiados. La vida nos ha sonreído, así que devolvamos la sonrisa.
No miremos hacia otro lado ante los desafíos sociales, científicos o medioambientales. Usemos lo aprendido, muchas veces robando horas a nuestras familias, para construir organizaciones más justas, decisiones más responsables y un entorno más sostenible. Pongamos el talento de esta sala al servicio de causas que lo merezcan.
Y, sobre todo, no olvidemos el camino solo porque circunstancialmente lleguemos a algún destino.
Como mensaje final: hagamos que nuestros compañeros y profesores se sientan orgullosos de nosotros, no solo por lo que logremos, sino por cómo lo logremos.
Seamos realistas. Luchemos por lo imposible.